La desaparición de la colonia inglesa Roanoke

Esta historia de la desaparición  de la colonia inglesa de Roanoke, está enmarcada  en el período de colonización por parte de Inglaterra de nuevos territorios en el siglo XVIII. No es una colonización más de un nuevo territorio por colonos europeos en el nuevo continente. Tiene un hilo de misterio, sobre todo por lo que les pudo ocurrir a esos mismos colonos.

Inglaterra comenzó a colonizar las costas de América relativamente temprano. Uno de estos asentamientos era la colonia de Roanoke. Se componía  de 117 colonos, entre los que había hombres, mujeres y niños. Sir Walter Raleigh organizó y preparó esta expedición pidiendo consentimiento real  a la reina, la cual aceptaría la propuesta de éste. Los exploradores ingleses en el terreno aconsejaron a Sir Walter, que lo idóneo era asentar a estos nuevos colonos en la isla de Roanoke, cercana a lo que es hoy Carolina del Norte. Una de sus ventajas que hicieron pensar en la ubicación del asentamiento en esta isla era su clima, un clima muy favorable y  benigno.  En 1586, un primer contingente de colonos tocó por primera vez esta isla, eran colonos esperanzados en comenzar una nueva vida, en un mundo que aún tenía mucho que ofrecer al hombre. Este grupo de primeros colonos, lo componían 75 hombres. Con el transcurso del tiempo en la isla, estos primeros colonos comenzaron a llevar represalias contra los nativos del lugar, algo que sin duda traería problemas. En un entorno totalmente desconocido, como era el nuevo continente, pronto sintieron estos  75 hombres que sus días en este nuevo edén estaban ya contados. Por esta razón decidieron abandonar el asentamiento y pedir ayuda al corsario Francis Drake. Éste accedió a llevar a los colonos a Inglaterra, dando a ver en la isla el fracaso de esta primera colonización.

Sir Walter ante esto, no pudo hacer otra cosa que rápidamente comenzar a organizar una nueva colonización del lugar, ya que el permiso de la reina que le había dando anteriormente tenía una caducidad de diez años solamente. Esta vez el número de colonos aumentaría hasta alcanzar la cifra de 117 personas, compuesto este número de personas por hombres, mujeres y niños. Todo parecía ir marchando bien, incluso un artista de la época se puso al frente de la expedición, John White. Éste era un gran amigo suyo, e incluso participó en el viaje de exploración a la zona en los primeros momentos. Junto a este artista, se embarcaría su hija  Eleanor Dare, la cual estaba embarazada y también embarcó a la aventura su yerno. Eleanor Dare, más tarde daría a luz en la misma isla.

John White se erigió como el gobernador de la expedición y de la futura colonia. Sus primeras medidas al llegar fueron la de tratar con respeto a las poblaciones indígenas de la zona y volver a  tener lazos de amistad con ellas, rotos anteriormente por los primeros colonos. Era una visión, la de White, de paz y de restauración de la armonía de las relaciones entre colonos y indígenas, algo que sabía que era fundamental  para que la colonia inglesa prosperase en el tiempo. Estos intentos por convencer a los poblados indígenas del lugar, de que ellos eran distintos a los anteriores colonos y que trabajarían por mantener un clima de respeto y cordialidad, no fueron bien acogidos por los autóctonos del lugar. Esto, sin duda, provocaría un sentimiento de  inseguridad en este aún precario poblado. Junto a esta inseguridad, los escritos nos hablan de cómo estos primeros colonos pronto además de sentirse inseguros comenzaron a tener hambre. Los alimentos poco a poco fueron escaseando y con ello fue engrandeciéndose  el malestar de estos colonos.

Ante esta situación, White considera oportuno regresar a Inglaterra para pedir ayuda y víveres con los que poder dar de comer a los colonos. La situación tendría que ser muy desesperada, ya que White y la tripulación del navío que los llevaría a casa, se jugaron la vida en el intento, ya que para esa época del año, era muy desaconsejable cruzar el Atlántico. Al llegar a Inglaterra este  grupo de colonos pidiendo ayuda, se enteran que la guerra con España había comenzado, lo que le hizo no poder volver a Roanoke, hasta tres años después de tocar Inglaterra.

Este nuevo viaje que emprenderían hacia la isla de Roanoke, iba a ser sin duda alguna uno de los viajes más misteriosos no sólo de sus vidas, sino de toda la colonización inglesa en el Nuevo Mundo. Cuando tocan tierra en la isla y van camino al poblado, sus ojos no podían creer lo que veían. Absolutamente todo el poblado estaba vacío, las casas desmontadas, los utensilios dejados, ni rastro de hombres, ganado, etc. Parecía como si por arte de magia, todos los colonos hubieran desaparecido y con ellos el poblado. Pronto el grupo comenzó a tener intriga por lo que veían sus ojos, un misterio que no hizo más que agrandarse cuando avistaron lo que sería el mayor de los misterios encontrados. Alguien había dejado en un poste del poblado una señal, algo escrito, un mensaje… “CROATOAN”.

Esas fueron las palabras que estos colonos habían encontrado en forma de mensaje en un árbol del poblado. Nada se sabían de ellas, ni su significado ni tan siquiera el autor, sólo se sabía que quien dejó esa señal había vivido lo que allí había pasado. A unos metros más al fondo de aquel poste, se encontró grabada en un árbol la palabra “CRO”. Recordando las normas dadas en este nuevo asentamiento así como también los vecinos de estos y sus relaciones, llegaron a la conclusión que este nombre, “CROATOAN”, era dado a una tribu amistosa que vivía cerca del poblado. Se comenzaba a esclarecer todo este misterio, un misterio que pudo llegar a resolverse al encontrar una cruz maltesa grabada. Esto era una señal que aprendieron los colonos del lugar, para avisar de un posible ataque a la colonia.Ante estos restos encontrados por la expedición de salvamento, White pronto quiso llegar al poblado de los CROATOAN y poder ver de nuevo a su hija, como también al hijo de esta, su nieto. Lo cierto es que sus ganas de volver a ver a su familia no fueron suficientes. Una gran tormenta se abalanzó sobre el poblado, poniendo en peligro a toda la expedición, incluido el barco que les había llevado a la isla. El capitán del navío advirtió a White, que tendrían que partir y salir cuanto antes del lugar si querían conservar sus vidas y la nave en buen estado para volver a casa. White partiría con el buque hacia Inglaterra, dejando en aquellas tierras su corazón y el amor por sus familiares. En 1606 moriría en Inglaterra sin saber nada de su familia y de lo que allí pasó en su ausencia.

Muchas teorías se han dando sobre lo ocurrido en la isla de Roanoke y sobre todo sobre el paradero de esos colonos. Algunas de ellas aseguraban que estos habrían sido sorprendidos por indígenas hostiles y ellos habrían matados a todos los colonos ingleses. Otra teoría que durante un tiempo se mantuvo fue la culpabilidad de la desaparición de estos colonos por los españoles, los cuales por venganza atacaron dicho poblado matando o esclavizando a toda la población del mismo. También se estudió la posibilidad de que estos colonos de la isla, al no ver que llegaba la expedición de ayuda de White, decidieran salir a mar abierto, algo que pudo ser su perdición. Si estas teorías fueran ciertas, hay un pequeño problema que no encuentra solución ni en una teoría ni en otra es, el porqué escribieron esas personas en la más pura desesperación y  nerviosismo las palabras “CROATOAN” en aquel poste, como también el grabado de la cruz maltesa y la palabra “Croa”…

Hay una teoría mucho más amable a la imaginación y factible actualmente. La teoría  de la huída a tierras interiores del continente por un ataque enemigo. En esta huída, el poblado amistoso de los Croa, habrían ayudado a los colonos a asentarse en sus dominios y con el paso del tiempo integrándolos en su entorno. Actualmente, se llevan estudios sobre los genes de los poblados indígenas de la zona, por si tuvieran algún parentesco con estos colonos ingleses.

Pero, sin duda, a todos se nos pasa por la mente, la posibilidad que este pueblo de los “CROATOAN” pudiera atacar al poblado inglés, al ver que estaban desabastecidos y con escasa resistencia. No hay que olvidar que, no esos mismos ingleses, sino compatriotas suyos anteriormente habían llevado a cabo acciones violentas contra ellos, lo que hubiera llevado al poblado indígena a tomar esta acción como venganza a lo que antaño hicieron los ingleses. A esta teoría se le añade el rango de intruso de estos colonos. Habían llegado a un lugar, el cual no era suyo y se habían asentado con sus propias costumbres y formas de vida, algo que chocaría con la mentalidad de la zona. Ante este ataque de venganza, los colonos sucumbieron ante el agresor indígena, no sin antes grabar el nombre de los que pudieron ser sus verdugos… “CROATOAN”.

El paso del tiempo avanza para todos, incluido sobre el misterio de lo acontecido en la isla de Roanoke, esperando que alguien aclare la desaparición de estas personas y el significado de aquellas palabras.

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La resurrección de Joan Norkot

Para conocer la misteriosa historia de la resurrección de Joan Norkot, tenemos que  mirar al pasado, más concretamente mirar al siglo XIX. A mediados de este siglo, el doctor inglés  Henry Sampsom, tenía en sus manos un antiguo manuscrito redactado aproximadamente 200 años antes. Este manuscrito estaba escrito, nada más y nada menos, que por un parlamentario inglés, John Mainard. En él se podían leer un misterioso caso judicial del cual John Mainard había sido testigo. Era misterioso, ya que hablaba de la resurrección de una mujer que había sido asesinada, para acusar a sus verdaderos asesinos.

Si miramos lo acontecido en el crimen, podemos saber que el asesinato de este hombre fue una noche de 1629, en un lugar cercano a la capital inglesa, Londres, más concretamente en Hertfordshire.El señor Joan Norkot era encontrada degollada al día siguiente en su cama. Ésta vivía con sus hijos menores y junto a ellos dos, su marido, su suegra, su hermana y el marido de esta. Rápidamente la policía barajó varias hipótesis, de este modo se pensó en un ajuste de cuentas, en un asesinato de algún conocido o simplemente de un común acto de suicidio.

Esta última fue la causa de la muerte a la que se agarraron los familiares de esta humilde casa. Lo cierto es que los agentes de la autoridad competente para esclarecer este crimen no se decantaban del todo por la causa del suicidio. Esta mujer no tenía indicios en su personalidad de que pudiera recaer en una crisis psicológica que la llevara al suicidio, y las personas que la conocían tampoco  creían esta versión. Ante esto, la autoridad decidió utilizar algo muy habitual en estos momentos del siglo XVII en casos como éste, la llamada “Prueba del tacto”. Este procedimiento judicial se basaba en pasar a los sospechosos por delante del cadáver de la víctima  y tocarla. Se creía que el fallecido/a al ser tocados por los causantes de su muerte, el cuerpo pudiera hacer algún gesto que diera a ver al causante de su muerte. Lo cierto es que no era una prueba  esencial, pero sí se utilizaba a menudo para esclarecer el camino a seguir. Actualmente, esta prueba lleva cientos de años enterrada, pero en aquella época era utilizada y reprobada.

Por orden de la autoridad en el caso, el cadáver de la mujer Joan Norkot, era desenterrado 3 semanas después para proceder con la llamada “Prueba del tacto”. Ante el cadáver pasaron los sospechosos, amigos, familiares e incluso los familiares más cercanos que vivían en la casa de los hechos. Lo verdaderamente  impactante, fue cuando estos familiares que vivían en la misma casa, tocaron el cuerpo, este comenzó aponerse sonrojado, sudoroso, como si la vida entrara otra vez de nuevo en este cuerpo ya vacío de energía. No sólo eso, sino que el cadáver de Joan Norkot abrió los ojos varias veces e incluso con el dedo índice señaló a los causantes de su muerte, uno por uno. El nerviosismo reinó entre todos los que vieron esta escena, uno por ser acusados por el cadáver y otros por lo que sus ojos veían en esa sala.

Rápidamente lo ocurrido transcendió más allá de la sala, y pronto fueron requeridos por la justicia y llevados al banquillo de los acusados. Pero lo cierto es que el juez no pudo acusarlos de asesinato solamente con esta prueba, por lo que en el veredicto final fueron puestos en libertad.  El hijo de Joan que no había sido acusado, pronto encontraría nuevas pruebas para poder llevar a los asesinos de su madre ante los tribunales. De este modo pidió una apelación ante la justicia, para que con las nuevas pruebas encontradas se reabriera el caso. El joven había descubierto que el cuello de su madre estaba roto antes de que se le cortara el cuello, como también descubrió  que el cuchillo con el que supuestamente se cometió el suicidio estaba demasiado lejos del cuerpo, también que había restos de huellas de sangre y que la cama estaba demasiado ordenada, para haberse dado allí un asesinato.

Estas pruebas aclararon muchas cosas y los familiares acusados fueron condenados en este nuevo juicio. La suegra, el marido y la hermana fueron condenados a la mayor de las penas, la pena de muerte, pero el marido de esta última fue absuelto de todo cargo. Al recurrir la sentencia, la mujer más joven, la hermana, fue indultada a ser castigada con la pena de muerte por estas embarazada.

Joan Norkot había conseguido con ayuda de su hijo condenar mediante la justicia a sus asesinos. ¿Fue verdad que el cadáver de la mujer señaló a los asesinos? ¿Pudo reaccionar de alguna manera al estímulo de tener ante ella a los criminales? …

No sabemos esas respuestas a día de hoy, lo que sí sabemos es que esta historia conmocionó  tanto al doctor  Sampson, que pronto la publicó en  1851 en la revista inglesa, Gentleman´s Magazine and  Historical Review dando a ver  a todos el misterioso caso de la resurrección de Joan Norkot.

Cientos de preguntas y pocas respuestas se dan en este caso, pero seguro que a todos se nos viene una a la mente…

¿Pueden los muertos volver al mundo de los vivos para reclamar lo que es suyo o acusar a los que les hicieron algún agravio?