¿Crees que nos contaron toda la verdad de la llegada a la Luna?

LA CABEZA DEL REY DON PEDRO


Muchas son las historias que, a lo largo de los años, han salpicado a las distintas familias y personas que han llevado sobre sus cabezas el peso de la monarquía de estos terrenos de piel de toro y sangre de vino, al que denominamos España. Estas historias muchas veces  son ciertas y otras son simple habladuría, que con el paso de los tiempos se convierten en acontecimientos misteriosos del personaje. En el primero de los casos, las historias ciertas, siempre llevan consigo un entorno en donde la acción o el episodio ocurrido en la vida de este personaje o personajes, transcurre. Es en estos lugares en donde hay que indagar y buscar alguna pista dejada por la historia del hecho, para poder acercarnos a la verdadera historia acontecida allí, aquella que por  ser contada en libros  de simple enseñanza y  poco científicos, ha pasado de ser verdad al umbral de la leyenda, o incluso del olvido.

Esta nueva historia nos acerca a la que para muchos es la capital de Andalucía, Sevilla. Desde antaño esta ciudad siempre ha sido centro de saberes y de la economía de la región adyacente a la misma. Puerto importantísimo para el Sur de la península, en ella han pasado desde gobernantes  romanos, pasando por musulmanes y terminando por católicos obedientes del Papa de Roma. Las calles de la ciudad antigua, las cuales hoy podemos abarcarlas en pleno centro del casco antiguo de la ciudad, son sin duda un recorrido vivo por las historias y las vidas que en ellas han transcurrido. Una de ellas es la que ahora me dispongo a contar.

En la calle “Cabeza del rey Don Pedro”, en pleno casco antiguo de Sevilla, podemos apreciar como en una de las fachadas de las casas que en ella se asientan, se puede observar una estatua de medio cuerpo, en la que se aprecia a un hombre con una corona y un manto real. En su mano  derecha se aprecia cómo lleva consigo un cetro de mando, algo típico en las representaciones de la monarquía. La otra mano está pegada al cinto junto a su espada. Esta estatua de medio cuerpo corresponde al monarca Pedro I de Castilla. En los libros de historia medieval, podemos encontrar a este personaje con los seudónimos de Pedro I  el cruel, o también el Justiciero. Para saber las circunstancias que llevaron a poner una estatua en esta calle del monarca, tenemos que situarnos, en una de aquellas noches en las que el monarca pasó en la ciudad de la Giralda y sobre todo situarnos en sus amoríos  y líos de faldas.

Preguntando a compañeros historiadores de la Hispalense, muchos me decían que es por esa razón, la del amor, por la que en esta calle hermosa y  de encanto, se encuentra esta estatua de Pedro I. Se comenta, que una noche el monarca castellano, salió de palacio con ropajes oscuros y que llegó a toparse  con un Guzmán.  Este era uno de los hijos del Conde de Niebla, en aquel momento un enemigo acérrimo de Pedro I, ya que en las continuas riñas y aspiraciones por la corona que tanto se veían en esos tiempos convulsos de España, esta familia apoyaba a su enemigo a la corona, el hermano hermano bastardo del rey.

No tenemos testimonio de lo que se dijeron al encontrarse, lo que sabemos es llegarían incluso a  combatir con sus espadas en plenas calles del centro de la ciudad. Como la pelea transcurrió a altas horas de la noche, su ruido alertó según dicen las crónicas y aquellos que saben del tema, a una mujer anciana que vivía en aquella calle. Esta mujer  alumbrándose con su candil pudo observar, como dos personas se batían en duelo en plena calle y como una de ellas caía al suelo por el acero de la otra. La anciana pudo observar como aquel hombre misterioso de negro y con capa, se parecía mucho al monarca.  La mujer al ver esto, entró en pánico y rápidamente intentó cerrar su vieja ventana. Las prisas nunca fueron buenas y menos para la pobre anciana, la cual al intentar cerrar lo más rápidamente su ventana vio como su candil caía a la calle.

Cuando el sol salió por las calles de Sevilla y la noticia corrió por sus callejuelas hasta la misma puerta de la residencia de los Guzmanes, estos entraron en cólera y pidieron justicia. De este modo en la Sala de Justicia de la ciudad Hispalense, se presentaron para pedir explicaciones de la muerte de uno de los suyos y exigir que se encontrara al culpable. El monarca, que ya antes había dicho que la seguridad de la ciudad era excelente y había alabado la eficacia de la guardia de la ciudad en encontrar siempre a los asesinos, ladrones y vándalos, no pudo hacer otra cosa que prometer a sus enemigos la pronta entrega del asesino. Cuando los Guzmanes se iban a ir, Pedro I dijo: “Cuando se halle al culpable, haré poner su cabeza en el lugar de la muerte”.  Esto era algo habitual en el momento, un  crimen de sangre, se pagaba con sangre y más si era el asesinato de una persona de la nobleza. Con todo esto los días transcurrieron y con ellos las investigaciones para saber lo ocurrido en aquella calle esa trágica noche. La sorpresa fue cuando llamaron a declarar a la anciana que había presenciado todo desde su ventana, aquella que  había perdido su candil por el nerviosismo de lo visto. La anciana admitió ver lo sucedido, pero no decía quien era el culpable, por sí al tachar al monarca como asesino pudiera haber contra ella alguna represalia. Al ver como la señora no hablaba el propio monarca enterado de lo que estaba ocurriendo se dirigió a la señora y diciéndole: “Dinos a quién vistes en el duelo y no te ocurrirá nada “. La anciana muerta de terror, pero aún con suficiente inteligencia, se dirigió a una gran sala al fondo del pasillo, allí vio un espejo grande colgado de la pared y le dijo al monarca: “Señor, por aquella ventana, si os asomáis veréis a la persona que cometió el asesinato de Luis de Guzmán”.

Al día siguiente, los alguaciles y una escolta real  iban recorriendo las calles con un carro en el que llevaban  una caja de grandes dimensiones de madera. Junto a ellos iba el pregonero de la ciudad, que anunciaba que llevaban la cabeza del hombre que mató a Don Luis de Guzmán en esa dicha caja, pero que nadie se atreviese a abrirla, ya que estaría penado con la muerte del que se osara a hacerlo. Los operarios que con ellos iban, procedieron a poner la caja en un hueco del muro y durante días se mandó custodiar dicha caja por soldados.

Con el transcurso de los años, 8 ni más ni menos, el rey Pedro I fue asesinado por su hermano bastardo Don Enrique de Trastámara, en los campos de Montiel. Los Guzmanes, aliados de este y enemigos de Pedro I, pronto se apoderaron de la ciudad y asumieron poderes de regidores de la misma. Entre las muchas cosas que hicieron, fue la de ir a ver al  asesino de Don Luis. La caja de madera estaba en mal estado, por culpa del tiempo transcurrido, por lo que no fue una ardua tarea la de abrirla. Al abrirla se llevaron la gran sorpresa, la identidad del asesino. Don Pedro I , había cumplido fielmente su palabra, la cabeza del asesino reposaría en el lugar del crimen. Pero lo que nadie sabía es que dentrode esa caja, estaba la cabeza del mismísimo Pedro I en mármol. Era una estatua de medio cuerpo, del propio monarca.

A día de hoy, cuando paseéis por la ciudad de la Torre del Oro, si pasáis por la calle de “La cabeza del Rey don Pedro”, veréis como sigue  en un hueco en la pared, inmutable e imperecedera a lo largo de los siglos, aquella estatua de mármol que señala al asesino, Pedro I de Castilla. Recordad al verla, aquella noche oscura y de misterio, dos hombres oscuros se batieron en duelo en ese mismo punto, dando como resultado la muerte de uno de los Guzmanes.

¿Crees en la existencia de casas encantadas?