Los nazis en el Tíbet, aventura o misión secreta

Nazis en el Tíbet

“Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad”

Adolf Hitler

 

El 20 de Abril de 1889 nació en el Imperio Austrohúngaro Adolf Hitler. Esta fecha quedaría marcada en los calendarios de la gente de bien como el inicio del fin, el inicio de los males de Alemania y, con ellos, los males de todos los pueblos decentes de la tierra.

Este joven  tímido y de poca corpulencia, que poco resaltaba en su sociedad en la que vivía, poco a poco comenzó a subir escalones en la sociedad, llegando un día a ser el azote de Occidente y de todo pueblo que amase la libertad. Llevo a hermanos a la contienda entre sí, dio sufrimiento al débil y masacró a sus enemigos, llevándose consigo como triunfo el dolor de aquellos de quienes osaban contradecirle.

Todos sabemos los horrores y desgracias acontecidas por sus palabras, como todos saben también su trágico final, tanto el de él mismo, como el de sus más allegados. La historia de Hitler y su plan para gobernar al mundo es conocida por todos, pero no todos conocen sus métodos, sus planes y, sobre todo, su lado misterioso. En estos textos nos adentraremos en el Hitler enigmático, el Hitler misterioso que nada más y nada menos, en las puertas de la contienda bélica que devastaría Europa por segunda vez, sufragó expediciones científicas más allá de los Urales, en el mismísimo Tíbet.

Por aquellos tiempos, las expediciones aventureras o de carácter científico poco tienen que ver con las actuales. En la actualidad, los expedicionarios son de diversa nacionalidad en ocasiones y no se pide tener la misma conciencia política. Van por el afán de superación y de poder conseguir un logro moral del ser humano. Totalmente distinto a lo que podemos ver  en la época de Hitler. Sus expediciones estaban constituidas por personal que comulgaba muy bien con las posturas hitlerianas promovidas por el partido Nazi, de tal manera en todos los casos o en la mayoría, todos tenían que ver de una u otra manera con alguna asociación o algún brazo del partido.

Expedicion nazi en el Tibet

 

Hitler, como otros mandatarios totalitaristas, no sólo basaba su poder en el número de efectivos bélicos, sino también lo basaba en la posesión de objetos mágicos o de carácter mitológico. Con ellos pensaba que su poder era absoluto, y no solamente militar, sino también divino. Hitler, desde su subida al poder, poco a poco se fue obsesionando por objetos tales como la lanza de Longinos o el mismísimo Santo Grial. La obtención de estos objetos mágicos según la historia, traería al dueño un poder absoluto sobre las cosas terrenales, algo que sin duda atraía a Hitler, pero también la idea de sustentar su poder y sus palabras, mediante unos objetos.

De este modo las primeras expediciones serias hacia tierras lejanas se comenzaron a dar sobre 1938. Es en este año cuando la Ahnenerbe , brazo de las SS que pretendía consolidar los pilares del nazismo y catapultarlo como una religión entre sus fieles, propuso la primera gran expedición al Tíbet, dirigida por el Ernst Sachaeffer junto con otros 5 científicos más y un grupo de voluntarios de las SS. Detrás de todo este grupo y del Ahnenerbe, se encontrada nada más y nada menos que H.Himmler, adicto al partido y a sus doctrinasy que,  seguramente estaba detrás de todo este entramado arqueológico, para sustentar las ideas de su amado líder y de su partido. Himmler estaba obsesionado por la superioridad de la raza aria, de tal modo que instruyó a los expedicionarios para que encontraran evidencias de ellos en aquellos parajes lejanos.

Según nos narran las fuentes ofrecidas por ellos, la primera parada del grupo fue en la ciudad sagrada de Lhasa. CiuNazis en el Tibetdad clave para poder dirigirse hacia las famosas cimas. Comenzaron a obtener objetos de las zonas por donde pasaban y a coleccionarlos, como si de objetos espirituales cargados de energías se tratasen. Todo era importante y todo había que llevarlo a Alemania. Uno de estos objetos obtenido en su peregrinar a estas zonas remotas de la tierra, fue una carta del propio Dalai Lama. Su viaje se truncó por culpa de las inminentes tensiones bélicas que se iban a desatar en la vieja Europa. De este modo las SS mandaron un aviso de que el grupo debía volver lo antes posible a suelo alemán y enseñar lo logrado. La expedición acato las órdenes dadas desde la cúpula nazi de las SS y pronto comenzó la vuelta, no sin  llevarse diversos objetos, cientos y cientos de fotografías e incluso películas grabadas allí por ellos mismos.

 

Uno de estos documentos y del que mucho se ha tratado a lo largo de los años, es un pequeño manuscrito que, según cuentan los investigadores, tenía hipnotizado al propio Hitler. Este documento era un documento del Dalai Lama, en el cual estaba escrito que Hitler era el dirigente de la raza aria y también un curioso tratado de amistad entre el Dalai lama y Alemania. Según las fuentes, este documento estaba bien vigilado y con fuertes medidas de seguridad, tanto que podría estar depositado en una habitación exclusiva solamente para Hitler.

Es difícil saber el número exacto de objetos traídos en las diversas expediciones que se llevaron a cabo durante el mandato de Hitler, también es difícil pensar que alguna de ellas tuviera un poder mágico, viendo el final del personaje y sus adeptos, pero en la Historia misteriosamente están grabadas los diversos intentos por descubrir esos objetos tan ansiados por el Führer y por sus allegados.

 

¿La no obtención de dichos objetos pudo llevarle a su perdición?

¿Y si los objetos aún andan esperando a ser encontrados?

¿Quien los busque correrá la misma suerte?

Anjikuni,la desaparición de un asentamiento esquimal

 

anjikuni poblado desaparecido

Al escuchar Canadá a muchos se nos viene a la mente un apacible lugar para vivir, rodeado de montañas, nieve y buena gente. Esta imagen de Canadá la tenemos todos grabada en nuestra mente, o casi todos. Comparándola con sus vecinos, los estadounidenses, los canadienses se ven como un pueblo más pacífico y dedicado a sus quehaceres del día diario. Como símbolo del país, en muchas ocasiones se nos viene a la mente la figura de la policía montada del Canadá, una imagen amable y vistosa, comparada con otros cuerpos policiales de otros lugares del globo terráqueo. Sin duda, es un lugar en donde nuestra cabeza no apostaría por ubicar ningún misterio en la historia ni nada que se le parezca. Un buen sitio para vivir como diríamos. Pero lo cierto es que no todo en el país de la bandera de la hoja roja de arce ha sido tranquilo y apacible. Tampoco la famosa policía montada del Canadá puede decir que nunca en su historia se ha topado con el misterio.

De este modo tenemos que retraernos hasta 1930 para ver como lo inexplicable se adueñó de un famoso caso de la policía montada. Este año, Arnand Laurent con sus dos hijos divisaron en los cielos de Canadá una especie de luz o cometa. Esto no tiene más interés, hasta que comenzaron a describir lo visto de una forma más clara. Lo que ellos asumieron que vieron era un haz de luz enorme, de forma cilíndrica y que cambiaba de destellos de forma intermitente. Un cuerpo celeste extraño para los ojos de aquellos miembros de esa familia. Los días pasaron y las autoridades no supieron lo que realmente vieron los Laurent. Pocos días más tarde, en una rutinaria patrulla de la policía montada por el lago Anjikuni, por culpa de problemas meteorológicos buscaron refugio en la cabaña de los Laurent. PrAnjikuni ovnionto los policías detectaron un punto de nerviosismo en la familia al preguntar sobre lo ocurrido por el lago los últimos días y, sobre todo, por el fenómeno visual divisado por los familiares, descubrieron a qué se debía el enigma de sus caras. Los familiares contaron a la policía canadiense cómo, desde que avistaron el objeto celeste en los cielos, algo pasaba en los alrededores del lago. Algo notaban que no era normal, algo misterioso apareció ese día y no se había ido.

La historia de los Laurent quedó aparcada a un lado, todo pareció una mera anécdota sin más. Una historia extraña con tintes de imaginación, que no pasaba por ser un caso importante para la policía, sino un simple caso que contar tomando algo en alguna taberna a los amigos. Pero lo cierto es que el misterio volvió y con mucha más fuerza.

Un cazador de la zona, Joe Labelle, iba con sus raquetas por la nieve en aquella zona. Se dirigía hacia un pueblo cercano al río Anjikuni. Cuando iba caminando comenzó a sentir algo extraño. La zona por donde marchaba era una zona donde siempre había ruido y tenía alboroto, pues el núcleo rural de población en el lugar hacía que estas cosas pasaran. Hay que situarse en el paraje, naturaleza viva sin  el ruido de las grandes urbes. Era un mundo rural en donde las poblaciones de nativos daban vida al entorno. De este modo, sólo el silencio de este lugar era roto por aquellas personas que vivían en armonía con el paisaje. El núcleo rural lo componían unas 1200  personas, y llevaban ya años asentados en ese paraje. Tanto que la tierra en donde vivían, había acogido ya desde hace años los cuerpos de sus familiares difuntos. Por lo tanto ahí había un poblado establecido desde hace años. Joe Labelle, al interesarse por el extraño cese de cualquier ruido, animal o humano, decidió ir a echar un vistazo a los lugareños. Al acercase a las cabañas, donde cada día había vida y ruido como cualquier hogar, no creyó lo que vio y escucho. Las cabañas estaban vacías y en ellas solo vivía un silencio impenetrable. Ninguna chimenea estaba encendida, como tampoco presentaba signos de haber sido apagadas hace unos minutos. Rápidamente, el cazador pensó que los lugareños se habrían dirigido por algún motivo. Al acercarse al lago Anjikuni contempló otra visión misteriosa. Ningún bote estaba desatado, ningún rastro de vida había tampoco en el entorno, y ni mucho menos se encontró alguna pista de donde pudieran estar. Este pueblo que había desaparecido de la noche a la mañana, era un pueblo esquimal, amistoso y abierto. Se dedicaban a la caza, de la cual dependían vendiendo pieles y como alimento. Pero sus rifles estaban ahí, quietos, esperando que alguna fuerza viva volviera a usarlos. Es algo a tener en muy en cuenta en este misterio. El cazador comenzó a pensar lo peor, dejar algo tan apreciado por los esquimales, como sus rifles, era algo inusual.

Volviendo al poblado, el cazador pudo pensar en aquella dantesca escena que tenía delante. Las cabañas aún tenían la comida, una comida pasada ya, con síntomas de descomposición. Sólo poblaban aquel poblado, el cazador y el mismo silencio que se hacía corpóreo en esa situación. No había vivos, pero tampoco muertos. El terreno donde se asentaba el poblado no tenía sangre o rastros de lucha, algo que aclarara algo en la desaparición colectiva. Todo se paró, todo quedo silenciado, todo para dar vida al misterio.

Anjikuni poblado esquimal

Rápidamente el cazador dio parte a la policía montada del Canadá, explicándole lo extraño y misterioso de la desaparición de más de 1000 personas. El cuartel de la policía montada emprendió una batida de búsqueda, pues tenían esperanza en que se pudiera encontrar a algún esquimal del poblado, para poder comprender esa misteriosa desaparición colectiva. La policía pronto montó un gran equipo de búsqueda. Hombres a caballo y perros buscaban por los alrededores del poblado fantasma, dando con un rastro unas cuantas horas después.

A pocos metros del poblado se encontraron con los perros de los trineos esquimales. Estaban atados a unos árboles cercanos, algo que sin duda causaría su muerte con el paso del tiempo. Atados y sin sus dueños, habrían padecido penurias y hambre bajo el frío y la nieve, esperando con agonía sus últimos días. Esto junto con las armas encontradas también causó asombro, pues igual que las armas para los esquimales eran necesarias en el día a día y por tal, importante, los perros para los esquimales eran más que un animal de compañía.

Cuando la inspección y búsqueda llegaba a su fin, descubrieron el último misterio que les quedaba por ver en aquel lugar. Sin duda, fue lo que a todos dejo con los ojos como platos. En donde se asentaba el cementerio, todas las tumbas estaban abiertas, sin cadáveres. Algo o alguien se había llevado los restos de los fallecidos, dejando solamente huecos en la tierra. La desaparición de las personas que poblaban el poblado ya era algo asombroso, pero lo hallado en el cementerio era algo escalofriante. Todos se preguntaban lo mismo ¿Dónde se encuentra todo el mundo? ¿Qué ha pasado con las tumbas del cementerio?…

Nadie pudo dar respuestas a lo sucedido. Algo se había llevado a los vivos para posteriormente también llevarse muertos. Algo llegó a las puertas de su aldea, dejando solamente silencio y un misterio que, a día de hoy, sigue sin resolver por la policía montada del Canadá.

A día de hoy, tanto la policía canadiense, como investigadores privados reabre el caso cada cierto tiempo para poder aclarar la desaparición de esas 1200 personas, junto con sus fallecidos, de la noche a la mañana.

Anjikuni desaparición esquimal